OBJETIVO CUMPLIDO
Pensar por unos segundos la importancia que tiene una medalla en un Juego Olímpico. La selección cumplió en demasía sus objetivos en esta competencia. Desde el mundial del 2002 hasta hoy, el básquet se mantuvo siempre dentro de los 4 primeros en las competencias ecuménicas.
Es una generación que merece ser llamada “dorada”. Por actitud y por jugar al básquet de forma extraordinaria, da gusto ver su buen juego.
Quizás el primer partido con Lituania, impidió festejar un puesto más arriba en el podio. De todas formas había que ganarle a España.
El certamen mostró dos caras. En la primera fase la diferencia entre equipos de primer nivel y de segundo se notó claramente. Ya en cruces de cuartos podemos decir que cualquiera de los que quedó relegado estaba en condiciones de ingresar a las semis, sobre todo Grecia, que tranquilamente pudo haber sido medalla de bronce.
Argentina llegó más motivado y concentrado por la pelea del bronce, los lituanos todavía se acordaban de lo cerca que estuvieron de llegar a la final. Sólo los dirigidos por Sergio Hernández mantuvieron la misma actitud en los 40 minutos. No pareció un partido en donde los dos venían de perder una semifinal.
El bronce es una victoria fundamental. Es un primer puesto en todo sentido y lo más importante es que el básquet mantiene una estabilidad con el correr de los años.
Argentina 87: Pablo Prigioni 6, Carlos Delfino 20, Andrés Nocioni 14, Luis Scola 16, Fabricio Oberto 9 (FI); Paolo Quinteros 11, Leonardo Gutiérrez 11, Román González 0, Juan Gutiérrez 0 y Antonio Porta 0. DT: Sergio Hernández.
Lituania 75: Sarunas Jasikevicius 9, Ramunas Siskauskas 15, Rimantas Kaukenas 14, Ksistof Lavrinovic 3, Robertas Javtokas 7 (FI); Mindaugas Lukauskis 8, Jonas Maciulis 6, Simas Jasaitis 5, Linas Kleiza 5 y Marijonas Petravicius 3. DT: Ramunas Butaustas.
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