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Sí a la educación
El mensaje de “No a la Violencia” no sirvió, no sirve y no servirá nunca en toda la historia de la humanidad. Es inútil que una dirigencia, un medio de comunicación ó simples espectadores arrojen esas palabras y las dejen dispersas en el aire.
La violencia es inevitable. Llegó el momento de poner en práctica algunas teorías. Cambiemos por un sí a la educación. Sí al deporte como juego y entretenimiento. Hay que reeducar al espectador, a todo el público sin distinguir entre clases sociales. Todos aportan su cuota de violencia. Algunos de forma física y otros de forma verbal.
En los incidentes entre Regatas y San Martín se puede destacar que los hechos de violencia marcan su inicio en aquellos clubes que tienen una actividad importante en el medio que se desempeñan. Los dos equipos de corrientes reciben aportes del estado y de distintas empresas privadas. El público que asiste a las canchas es amplio y diverso.
Con todos estos datos podemos concluir que es inevitable el conflicto y la violencia, lo mejor es saber razonarlos, entender que siempre van a estar presentes. Aprender a comunicarlos, buscar la forma de encontrar un espacio donde haya acuerdos.
Es inútil discutir este tipo de cosas en un marco deportivo si consideramos que el deporte es una extensión de las relaciones políticas, económicas y sociales de un país.
La regla más simple de aplicar en el deporte y que puede dejar de lado una parte de la violencia, es cortar con la agresión verbal. Cada uno sabrá si podrá llevarla adelante. Pensar para progresar, en lugar de quejarse para retroceder. Aportemos más ideas. Desde este artículo ya salió una.
En ambos costados
La defensa exige una respuesta física y el ataque una respuesta mental.
En la defensa se bajan las piernas y se corre, en el ataque (estacionado) se para la pelota, se descansa y se utiliza la cabeza.
De una buena defensa nace un buen ataque.
Por contraataque.
Por confianza (que da la buena defensa).
Por no tener presión en la ofensiva (por la buena defensa)
Por decaimiento del rival (por no poder penetrar la buena defensa)
Por tener el tiempo de descansar y usar la cabeza.

